Chacho Manrique

He arreglado máquinas, gerenciado empresas y producido audiovisuales. He hecho teatro, dedicado bastante tiempo a entender mi fe, escrito publicidad, administrado Airbnb y seguido más curiosidades de las que probablemente necesitaba.

Y ahora vendo casas.

Visto así, mi currículum parece el recorrido de alguien que nunca supo muy bien qué quería hacer con su vida.

Durante años yo también lo vi así. Como piezas de distintos rompecabezas metidas por error en la misma caja.

Hasta que empecé a vender.

Y las piezas comenzaron a encajar.

Porque vender una propiedad tiene menos que ver con exhibirla y más con entender qué despierta el deseo.

Aprendí a observar, a escuchar, a comunicar, a ponerme en la piel de otros, a ordenar problemas, a crear, a negociar.

Y, sobre todo, a encontrar algo que otros no están viendo.

Y terminé entendiendo algo simple:

Vender es servir.

Y servir es dar.

Dar información. Dar perspectiva. Dar opciones. A veces incluso decirte que no vendas, que no compres o que esa propiedad que tanto te gusta no te conviene.

Y esto último quizá sí te interese.

De eso van estos correos.

De aprender a mirar una propiedad más allá de sus metros cuadrados.

Por qué unas se venden y otras envejecen en internet...

Por qué bajar o subir el precio a veces ayuda y otras veces sólo hace que pierdas el juego. Puedes pensar que todo esto es una manera bastante larga de conseguir que contrates a un agente inmobiliario.

Así que voy a hacer exactamente lo contrario.

Déjame tu correo y te regalo una infografía con todos los pasos que necesitas para vender tu propiedad sin contratar a uno.

Después me voy a mudar a tu bandeja de entrada.

No llevo muchos muebles, pero sí quiero quedarme.

Y no siempre para hablarte de casas.

También escribiré de dinero, ventas, tiempo y familia. De decisiones, oportunidades y fracasos. De gente que me sorprende, cosas que me salen mal, ideas que cambio y conversaciones que se me quedan dando vueltas. Y de alguna que otra cosa que todavía no sé que me interesa.

Y así hasta que te represente, vendas sin mí o con un colega, compres una conmigo o me la regales.

Hasta que me desalojes.

O hasta que termines teniendo una opción que antes no tenías.

Para mí, de eso va la riqueza.

De tener opciones.

Ese es el trato.

Si te interesa, deja tu correo.

Yo ya estoy haciendo las cajas.

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